miércoles, 28 de junio de 2017

1897 - El Ataque de Kamansi. (1ª Parte)



Campamento insurrecto de Monte Arayat
Sitio de Kamansí 27 y 28 de Noviembre de 1897
Dibujo encontrado en el interior del diario.


"En Filipinas se alistó en las tropas de choque, los Cazadores Expedicionarios, con los que tomó parte en el asalto al monte Kamansi que defendía el general filipino Macaboulos. En el asedio de Kamansi estuvo bajo las órdenes del general Monet. El 28 de noviembre de 1897 las tropas españolas lograron tomar el monte Kamansi, perdiendo tantos soldados que los filipinos consideraron la acción como una victoria suya pese a perder la posición. Tras la toma del monte, el general Monet se presentó en el lugar junto a su estado mayor, rodeado de una serie de oficiales, los despectivamente conocidos como "paniaguados" por gozar de privilegios inmerecidos; Monet repartió honores y condecoraciones entre estos militares, de los cuales ninguno había participado en la contienda, relegando a un segundo plano a los auténticos combatientes.


Referencia a la biografía del militar Mediano, Mariano
Fuente extraida de http://www.mcnbiografias.com



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El día 18 salimos para Pora a pie regresando el 19 a Panique, el 20 a Gerona y volviendo una vez más el 21 a Panique.

El 22 salimos para Malabang por ferrocarril con objeto de reencontrarnos varias fuerzas y asistir al ataque de Kamansi (situado en el monte Arayat) de la provincia de San Fernando de la Panganga llegando al mismo día a las dos de la tarde y pernoctando en ese punto los días 25 y 26.


El 27 se unió a nosotros una columna de cien hombres frescos con varias piezas de artillería de montaña, y en dirección del campamento Kamansi. Llegamos a la vista del campamento enemigo a las 12 del día .


Paró la columna y se preparó la artillería que hizo varios disparos "despertando" así al enemigo que respondieron con nutridas descargas de fusilería. Seguidamente se desplegaron las secciones destinadas a las guerrillas, y que por suerte y orgullo me tocó ir en una de ellas, dirigiéndonos hacia las trincheras, las cuales no se veían hasta estar a no menos de diez metros de ellas. 


Mi compañía pagó el pato como suele decirse, pues al marchar a la vanguardia nos tocó subir los primeros y al estar próximos a las trincheras, un lancetazo del enemigo nos quitó 4 hombres de en medio y en un santiamén. Teniendo que retroceder por ser imposible resistir el nutrido fuego de fusilería con balas explosivas. 

Nos volvimos a reunir toda la fuerza y subimos al monte por un lugar, que era una vereda hecha por los insurrectos de medio metro de profundidad, llena de agua, chinas y púas para dificultar la subida. Ya próximo el asalto al campamento, se trabó un nuevo combate que después de cinco horas de fuego nos fue imposible posicionarnos en ningunas de sus trincheras, así que nos batimos en retirada al hacerse la noche; formando un cordón bajo el campamento enemigo con objeto de proteger a nuestros heridos.



La noche fue un verdadero infierno, pasándola  de lo peor que puede imaginarse, escuchándose disparos y lloviendo a mares, realmente no pensé en ver el día siguiente. Tanto fue así que dos soldados hartos de pasar malos ratos y pensando en lo que les quedaba por pasar al día siguiente se suicidaron, pegándose dos tiros y muriendo uno de ellos.


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